Cuidamos la piel

La importancia de la hidratación de nuestra piel

La piel es el órgano a través del cual nos conectamos con el mundo exterior y constituye una verdadera barrera protectora para nuestro cuerpo. Ésta actúa oponiéndose a las agresiones del medio externo, evita la pérdida de líquidos y proteínas, interviene en la vigilancia inmunológica, la fotoprotección y la síntesis de vitamina D. Durante la época estival, la acción de factores medioambientales como la radiación ultravioleta (UVA, UVB), el mar, el viento, etc., interactúan con la piel y afectan su tersura, lo cual provoca opacidad, descamación y falta de luminosidad debido a la pérdida hídrica. Estos cambios se evidencian tanto en la piel del rostro como en la del cuerpo y pueden afectar a individuos de diferentes biotipos cutáneos.

La flexibilidad y tersura cutáneas dependen especialmente del grado de hidratación de la capa córnea, la cual se considera hidratada cuando contiene un 20% del total de agua de la epidermis, equilibrada por la hidratación que proviene del organismo y del medio externo que nos rodea. Cuando este equilibrio se altera y el contenido de agua de la capa córnea desciende por debajo de un 10%, la piel se torna seca.

Todos los biotipos cutáneos (piel normal, grasa, seca y mixta) requieren una adecuada limpieza e hidratación. Es por ello que se aconseja para una limpieza adecuada de la piel, el uso de jabones neutros (ácidos), sin perfumes, o geles suaves a base de sustancias emolientes como la avena. En las pieles oleosas, el uso de sustancias limpiadoras alcalinas genera como efecto paradojal una mayor producción de sebo.

En conclusión, durante la época estival, ante la exposición al sol, el mar, el viento, etc., nuestra piel tiende a secarse con más facilidad, aunque no presentemos una piel seca habitualmente. Por ello la limpieza con sustancias suaves y una correcta hidratación hará que nuestra piel luzca más fresca, sana y luminosa sin asperezas o descamaciones.

Dra. Ana Tettamanti
Extraído de Revista Conexión Nº 17